cada año más cansada
mis pensamientos sobre el 8M
Escribo esto el mismo día, 8 de marzo de 2026 y aún no sé qué pensar. No ha terminado el día, es más, acaba de empezar. No he ido a la manifestación, igual que el año pasado y el otro… Antes solía ir siempre y era un día muy importante para mí, gritaba y tenía apoyo, ahora… difícil. Cada vez se me hace más difícil ir, aunque sea para hacer acto de presencia, me siento mal al no ir pero a la vez ya no me veo capaz, e ir sola, aún peor.
Recuerdo cuando el 8M era un día marcado en el calendario como si fuera el día más importante de todas. Sabías que ibas a ir. No había dudas. No había debate interno. Era automático: quedar con amigas i familia, hacer pancartas improvisadas, pintarnos algo en la cara, y salir a la calle con esa mezcla de rabia y euforia que solo se siente cuando sabes que no estás sola. No era una fiesta. Era otra cosa.
Era un día incómodo, ruidoso, incluso un poco caótico. Había gritos, consignas, gente enfadada, carteles hechos con rotulador y faltas de ortografía. Pero también había una sensación muy clara de estar juntas en algo. De que, aunque cada una tuviera su vida, sus problemas y sus contradicciones, ese día compartíamos una misma incomodidad con el mundo. Y eso tenía mucha fuerza.
Con los años algo ha cambiado. Y no sé muy bien cuándo empezó. Ahora el 8M parece, a ratos, otra cosa. Hay campañas de marcas, flores moradas en escaparates, descuentos “especial mujer”, posts en Instagram con frases inspiradoras sobre empoderamiento… y sí, también siguen existiendo las manifestaciones, las pancartas y las reivindicaciones. Pero la sensación es distinta.
Antes se gritaba más y se celebraba menos. Ahora a veces parece que se celebra más de lo que se protesta. Y no sé si soy yo, si es el momento político, si es el desgaste natural de los movimientos sociales o si simplemente hemos ido perdiendo algo por el camino. Pero lo noto.
También noto otra cosa: estamos más separadas. Antes íbamos juntas. No todas pensábamos exactamente igual, claro que no, pero había un sentimiento de bloque, de estar del mismo lado. Ahora hay dos manifestaciones diferentes, debates eternos en redes, discusiones internas que desde fuera parecen incomprensibles. Y lo digo con tristeza, no con superioridad. Porque yo también estoy dentro de ese lío.
A veces tengo la sensación de que el movimiento se ha fragmentado tanto que muchas nos hemos quedado un poco en tierra de nadie. Como si para participar tuvieras que posicionarte muy claramente en un bando concreto, tener todos los discursos claros, todas las respuestas preparadas. Y yo no las tengo. Tengo preguntas, contradicciones, dudas… y bastante cansancio.
Quizás por eso cada vez me cuesta más ir. Porque el 8M que yo recuerdo era un lugar donde cabía la rabia imperfecta. Donde no hacía falta tenerlo todo clarísimo para salir a la calle. Bastaba con sentir que algo no estaba bien.
Hoy me siento rara escribiendo esto. Como si estuviera fallando a algo. Como si no ir fuera una especie de traición. Pero también intento ser honesta conmigo misma.
Porque la realidad es que ahora mismo no me veo allí. No me veo entre miles de personas, no me veo gritando consignas que ya no siento del todo mías, no me veo atravesando discusiones que me agotan antes incluso de empezar. Y aun así, eso no significa que todo haya desaparecido.
Sigo siendo mujer hoy, igual que ayer y que mañana. Sigo viendo cosas que me enfadan y me afectan. Sigo notando las mismas presiones, las mismas expectativas absurdas, los mismos comentarios que parecen pequeños pero pesan.
El mundo no ha cambiado tanto como para que ya no haga falta reivindicar nada. Pero mi manera de vivir este día sí ha cambiado.
Quizás crecer también es eso: darte cuenta de que los movimientos, igual que las personas, pasan por etapas. Momentos de unión, momentos de conflicto, momentos de desgaste. Ninguna lucha es lineal, aunque nos guste imaginarla así. A veces pienso que el feminismo también está en una especie de adolescencia. Mucha intensidad, mucha discusión interna, mucha necesidad de definirse. Tal vez es parte del proceso. O tal vez solo estoy intentando encontrar sentido a algo que ahora mismo me genera más distancia que entusiasmo. No lo sé.
Lo único que sé es que hoy es 8 de marzo y estoy escribiendo esto desde mi habitación, con una mezcla de nostalgia y duda. No estoy en la manifestación, pero tampoco siento que esté completamente fuera. Quizás este año mi forma de estar es esta: pensar, observar, preguntarme cosas. Y confiar en que, de una forma u otra, el sentido de todo esto vuelva a encontrarnos. Aunque ahora mismo estemos un poco perdidas por el camino.
Un abrazo,
espero verte en la siguiente.


